La cultura del esfuerzo

June 21, 2019

 

 

 

No sé si únicamente es cosa mía o le sucede a más gente, pero sólo de pensar en la palabra “esfuerzo”, sin haber empezado a esforzarme para conseguir algo, ya me he cansado...

 

Con bastante frecuencia, no solemos atender a la energía que va implícita en cada palabra que utilizamos. Condicionadas por el contexto en el que las aprendimos y por la intención y energía de las personas que nos enseñaron a utilizarlas, en cierta medida, cada palabra guarda un trocito de nuestra historia personal. La elección que hagamos sobre cuáles utilizar, tanto si hablamos con alguien o mantenemos un diálogo interno, es clave para fomentar energías que aumenten nuestra vibración generando estados de bienestar, o que acaben ocasionando todo lo contrario.

 

Cuando escucho la palabra “esfuerzo” conecto rápidamente con una energía de imposición. Tal y como su significado etimológico recoge, nos habla de ejercer una fuerza sobre algo de manera externa, y yo añado: “con el objetivo de que las cosas sean como tú deseas”. Es decir, que esforzarse lleva implícito un baño de querer controlar lo que sucede. Me hace recordar con demasiada facilidad esa sensación de ir por encima del límite de mis posibilidades, traspasando la línea que me lleva de cabeza a niveles perjudiciales de estrés, impidiéndome sentir cómoda y tranquila mientras avanzo hacia mis objetivos.

 

Aunque esto no sea así para todas las personas, lo cierto es que en nuestra cultura todo lo relacionado con llegar a conseguir lo que uno desea se asocia con la necesidad de realizar un gran esfuerzo. Cuando el compromiso que uno decide asumir en un momento dado, porque así lo siente y desea, se convierte en tener que ejercer una fuerza que le aleja de la energía inicial que le motivó a ponerse en movimiento, algo nos estamos perdiendo por el camino.

 

Visto de otra manera, quizá el matiz esté en utilizar palabras más “amorosas” que vayan encaminadas a la consecución del mismo objetivo, pero de manera diferente. Por ejemplo, las palabras “perseverancia” o “constancia”, nos invitan a mantener el foco en nuestro objetivo, pero de manera más suave y sin el ejercicio de esa fuerza externa que el “esfuerzo” lleva implícito. Aunque puedan ser matices leves y sin importancia para muchas personas, la energía que movilizamos al utilizar unas u otras palabras es totalmente diferente. Tan sólo tenemos que probar a repetir cada una de ellas con consciencia y prestando atención a cómo reacciona nuestro cuerpo al recibirlas, para así sentir más conscientemente su efecto sobre nosotros. Esas son las claves para detectar y saber de qué manera nos afectan las palabras que utilizamos y la forma en la que nos hablamos: la consciencia y nuestro cuerpo.

 

Cuando verbalizo las palabras “compromiso”, “constancia”, “pasión” e “ilusión”, mi cuerpo vibra haciéndome conectar de manera directa con mi motivación. Sin embargo, cuando verbalizo la palabra “esfuerzo”, siento que traspaso los límites sanos para mi misma, y de alguna manera, mi motivación se ve afectada de manera negativa.

 

El esfuerzo no tiene cabida cuando el compromiso para alcanzar un objetivo surge de la escucha profunda de lo que nos dice nuestro corazón. Cuando estamos conectados con él y hacemos que nuestra mente se alinee con la información que éste nos manda, la coherencia surge de manera natural, y ahí es cuando nuestro potencial creador se multiplica de manera exponencial. Si cuidamos esa coherencia surgida entre el corazón y nuestra mente y la acompañamos de comportamientos en la misma línea, nos convertimos en un imán que atrae sin esfuerzos aquello que desea.

 

Así que la combinación perfecta para alcanzar un objetivo deseado no es el esfuerzo entendido como una insistencia, contra viento y marea, para llegar donde deseamos llegar. La estrategia de afrontamiento sería aprender a escuchar con más claridad lo que nos dicta el corazón y actuar desde él poniendo a su servicio nuestra energía mental y preservando la coherencia a través de nuestro comportamiento. A esto se le llama “vivir desde el amor”, y es una fuente inagotable de motivación sin esfuerzo y que hace nacer el compromiso firme y auténtico, acompañándolo de serenidad, calma, certeza, pasión e ilusión. Ese que nos hace sentir protagonistas de nuestras vidas sin desgastarnos por el camino.

 

Observa cada palabra que te dices y cómo te las dices, porque con ello estarás eligiendo las gafas con las que miras el mundo y con éstas, a su vez, estarás creando tu propia realidad. Permanece atento y elige aquellas que te hagan conectar con más facilidad con tu flujo natural de movimiento, libre de tensiones y lleno de paz, pues al fin y al cabo, la Vida está hecha de los “cómo vives cada día”.

 

 

 

 

Please reload

Our Recent Posts

El arte de compartir

June 27, 2019

La cultura del esfuerzo

June 21, 2019

Marcador a cero

June 13, 2019

1/1
Please reload

Tags

©2018 by www.clararamiroguzman.com. Proudly created with Wix.com